En la expresión de Natalia había ocurrido un cambio desde el mismo momento en que regresé y le comenté de mi viaje. Al entregarle la pequeña caja y que abrió luego de recoger su cabello, se quedo observando detenidamente y como quizás elaborando una queja, típica y propia de ella. Se quedo quieta, cerro los ojos como si reprimiera sus palabras, respiro hondo y volvió a abrirlos para mirarme. En ese momento la tensión que se hacia notar su rostro desapareció. Ya no había enojo ni nerviosismo en su rostro. Note que no la había estado pasando bien estas ultimas semanas, incluso antes de irme.
- Algo ha pasado estas semanas, lo he notado pero espere a pasará. Veo que no.
- ¿Te ha parecido?
- Sí. Se te notaba en la cara.
- He pensado sobre el rumbo que están tomando las cosas por si solas. Intento considerarlo todo con una mirada ecuánime. Creo que si lo hago, sabré que debo hacer: esperar a que todo caiga por su propio peso.
Desde hace mucho podía notar su rostro extenuado, había perdido vitalidad en sus ojos, su mirada era vidriosa. Hay cosas que no ha dicho y que no me atrevo a escarbar con cuchara pero ya me estaba confirmando que las cosas no andaban bien.
- Si hay algo que quieras compartir solo dímelo, te escuchare.
- Este sábado me reuniré con unas amigas.
- Me parece bien. Con el tema de las clases no has hablado con ellas desde hace mucho.
- Si, quiero verlas.
- Espero que eso te anime.
- No estoy enferma, solo algo preocupada. Estas exagerando.
Se hizo un breve silencio. Parecía haberse suspendido en el aire.
No tenia ni la mas mínima idea de lo que estaba pensando pero sabia que es lo que terminaría ocurriendo, también me quede meditabundo.
Luego charlamos de las cosas nuevas del internet durante una hora y cuando se me despejo la pesadez, volví a casa.