La habilidad de bailar, cantar o tocar un instrumento, cualquiera de las tres, tenemos que cultivarlo durante las etapas de nuestras vidas. Desde pequeño me encantaba tocar la flauta dulce, y fue lo que me enseñaron en la primaria, después de eso empecé a tocar un pequeño xilófono y mucho mas tarde una armónica. No tuve habilidad musical, pero si disfrutaba el tocar.
Una melodía puede al igual que una imagen puede llevarte a un lugar en tus recuerdos, y esta era la razón por la que recurría a canciones en mi memoria. Nuestro corazón hace música al palpitar, con ese compás, que a veces parece tocar solo fusas.
La novena sinfonía de Beethoven me vino a la mente.
viernes, 7 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
Amor en mi refugio
A los diecisiete años, a comienzos de año, Natalia se enamoró por primera vez. Un amor que acabo con todo a su paso, que diluyo todo por completo. La persona de quien se enamoró era aparentemente mayor que ella, no adivinaba su edad. Y así empece a ver otras cosas y al fin entender.
En ese entonces, Natalia estudiaba para los exámenes de admisión, quería estudiar obstetricia. Por como la conocía, no seria tan sencillo como lo pensábamos. Pero estaba decidida, estaba motivada, aun después de ya haber fallado una vez. En ocasiones le ayudaba con algunos temas, de mala gana pero muchas veces era entretenido. Era de las personas que entendían después de explicárselo muchas veces.
Por innumerables que sean las opciones que puedan tomarse en esta vida, ella había decidido estudiar obstetricia. Era rotunda su decisión al parecer.
Al acabar el colegio intento entrar a la universidad cerca de donde vivimos, según ella estaba lista pero al parecer no había estudiado lo suficiente o su esfuerzo no había dado frutos.
Pero aquello fue tan natural para ella, como si este resultado fuera el esperado. Y empezó a estudiar en una academia. Al parecer tomaba muy bien este tipo de cosas.
En pocas palabras, Natalia era una apasionada incurable, era intransigente, cínica y astuta. Cuando empezaba a contar algo, no se callaba hasta terminar su relato. Congeniaba fácilmente con las personas, era un persona espontanea. A pesar de tener un aspecto físicamente saludable, era débil. Hasta alguna vez pensé que tenia anemia.
Como lo dije al comienzo, el tipo de quien Natalia se enamoro se llamaba Matias. Estudiaba Economía en la universidad a la que Natalia quería entrar. Era algo parco, pero muy centrado en sus opiniones y comentarios. Nunca conseguía hacerlo sonreír, no nos llevábamos mal pero era a veces difícil encontrar temas en común para hablar. Pero tenia química con Natalia, al menos eso creí siempre. Ambos se conocían porque tenían amigos en común. Yo al menos me refugiaba en casa de Natalia, siempre que Matias iba a verla, una gran sonrisa aparecía en el rostro de ella. A medida que iba observando y entre las muchas cosas que sucedían, empezaban las cosas a cambiar.
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